sábado, 13 de septiembre de 2025

LA VERDADERA PROTECCIÓN DEL GUERRERO DE LA LUZ

Hermanos y Hermanas del Temple:

El caballero no busca su refugio en las murallas de piedra ni en los escudos forjados por manos humanas. El verdadero amparo del Templario emana del Altísimo, aquel que mora en lo invisible, que guía nuestros pasos incluso en las sombras más densas del combate espiritual.

Muchos temen a los peligros de este mundo: guerras, injusticias, traiciones y oscuridades. Pero nosotros, hijos e hijas del Temple, hemos sido llamados a caminar en medio del fuego sin ser consumidos, a cabalgar entre los valles de la muerte sin doblar rodilla ante el miedo. Porque aquel que vive conforme a la rectitud, aquel que defiende al débil, que levanta la verdad como estandarte, jamás será abandonado.

El Altísimo protege al justo como el castillo amuralla a su pueblo. Su mirada está sobre los sinceros de corazón, y su mano invisible sostiene a quienes han sido marcados con la espada del compromiso eterno. Si las lenguas del mundo se levantan contra ti, permanece firme. Si los enemigos rodean tu alma, no respondas con odio, sino con la certeza de que la oscuridad no puede apagar la luz.

Cada lágrima derramada en silencio es un cántico elevado al cielo. Cada herida recibida por amor al prójimo es un sello que nos acerca a la gracia divina. No hay mayor protección que la que se otorga a quien sirve sin esperar, ama sin exigir y entrega su vida a la causa eterna de la verdad.

Templario: tu escudo no es de hierro, es de fe. Tu espada no es de acero, es la palabra recta. Y tu armadura no es visible, sino el fruto de una vida guiada por el espíritu.

Recuerda: ningún enemigo externo es más temible que la traición interior. Vence en tu corazón, y ninguna batalla te derrotará. Ama, protege, guía y ora, porque eres más que un soldado: eres un guardián del Reino Invisible.

- Que la Paz del Santo Maestro esté contigo.

- Que su fuerza sea tu fuerza.

- Y que su luz sea la antorcha en tu camino.

Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da gloriam.

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da la gloria.







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